El pacífico amor intelectual

En una carta del 20 de enero de 1958, Ginsberg le escribe a Orlovsky desde París para contarle sobre una visita a su colega beatnik y amigo cercano, William S. Burroughs, otro ícono de la literatura de la subcultura gay:

Querido Petey:
¡Oh corazón, Oh amor, de pronto todo se ha convertido en oro! ¡No te asustes, no te preocupes, la cosa más maravillosa ha sucedido aquí! No sé empezar por otro lado más que por lo importante. Cuando Bill (William S. Burroughs) vino, yo… nosotros, pensamos que sería el mismo Bill loco, pero algo había pasado con Bill en el tiempo en que no lo habíamos visto… Finalmente anoche Bill y yo nos sentamos cara a cara en la mesa de la cocina, nos miramos a los ojos y hablamos, confesé mis dudas y la miseria — ¡Y frente a mis ojos se convirtió en un ángel!

¿Qué pasó con él en Tangiers en los últimos meses? Parece que dejó de escribir y se sentaba en su cama todas las tardes a pensar y meditar solo y dejó de beber — y finalmente iluminó su conciencia, lenta y repetidamente, cada día, por muchos meses — Se percató del “sensible y benévolo centro de toda la Creación” — aparentemente, a su modo, lo que me ha obsesionado a mí y a ti, una visión enorme del pacífico amor intelectual.

Desperté esta mañana sintiendo la dicha de la libertad y la alegría en mi corazón, Bill está salvado, yo estoy salvado, todos nosotros estamos salvados, todo ha sido muy apasionante desde entonces —Sólo me entristece pensar que tal vez te fuiste preocupado cuando nos dijimos adiós y nos besamos extrañamente — Desearía volver a tener la oportunidad de decirte adiós alegremente y sin las preocupaciones y dudas que tuve en ese polvoso anochecer en el que te fuiste… —Bill ha cambiado su naturaleza, incluso yo me siento muy cambiado, grandes nubes ruedan mientras recuerdo cuando teníamos una buena relación, bueno, nuestra buena relación ha permanecido en mí, conmigo. En vez de perderla, siento algo como lo que había entre nosotros con todos los demás.

Unas semanas después, a principios de febrero, Orlovsky le envió una carta a Ginsberg desde Nueva York, en la que escribe hermosas premoniciones:

... no te preocupes querido Allen, las cosas están yendo bien — Cambiaremos el mundo tal y como lo deseamos — Aún si tenemos que morir — pero Oh, el mundo tiene 25 arcoíris sobre la repisa de mi ventana…

Tan pronto como recibe la carta el día después de San Valentín, Ginsberg escribe de vuelta, citando a Shakespeare como sólo un poeta enamorado lo haría:

He estado aquí con poetas locos y miserables así como con los come-mundos e imploraba al cielo palabras amables y tú las escribiste, vinieron tan frescas como la brisa de verano y “cuando pienso en ti querido amigo / todas las pérdidas se recuperan y los sufrimientos terminan” —Es el final de un soneto de Shakespeare que seguía viniendo y viniendo a mi mente. Él también debió haber estado felizmente enamorado. Nunca antes lo había pensado… Escríbeme pronto, cariño. Yo te escribiré un gran poema largo. Siento como si fueras el dios al que le rezo.

Con amor,
Allen.