Humanidad en extinción

Los pronósticos más pesimistas de aquellos “hippies” de los años 60-80 (no sólo) se están cumpliendo. Se confirma -y reconfirma- que los ilusos ecologistas premonitores del desastre habían sido excesivamente optimistas con sus apocalípticas predicciones. 

Con el camino que llevamos todo apunta a que irremediablemente estamos siendo espectadores de “nuestra extinción”. Si, estamos acelerando dramáticamente la devastación de nuestro planeta como jamás se había previsto. En este consciente suicidio colectivo seguramente somos testigos del momento más desgarrador y doloroso en la historia de la humanidad. 

Catástrofes en la tierra han existido siempre, lo que nunca existió con tanta fuerza es este consumismo global, injusto y feroz con el que para sustentar nuestro estilo de vida necesitamos arruinar el planeta. Naciones Unidas nos recuerda que “Todos los países están afectados por el calentamiento global. Sin embargo, los impactos tienden a afectar de forma desproporcionada a los más pobres y vulnerables, así como a los que son menos responsables del problema”. Los cinco países que más contaminan son por este orden China, EEUU, India, Rusia y Japón. 

Es que estamos calentando la tierra, cocinamos el planeta. Por eso hay cada vez más incendios y menos glaciales. La madera seca arde y extiende el fuego a gran velocidad las temperaturas son cada vez más altas. Por esto se descongelan los polos y sube el nivel del mar. Es de puro sentido común no tenemos que ir a la escuela para entender algo así.

“Los desastres naturales desencadenados por el calentamiento de la tierra ocasionaron una sobrecogedora pérdida de 320,000 millones de dólares en 2017. En ese mismo año, devastadoras inundaciones acabaron con las vidas de más de 1.200 personas en Asia Meridional, mientras que las comunidades del Caribe se enfrentaban a temporadas de huracanes sin precedentes y sin tiempo para recuperarse” comparten expertos de la ONU.

Repasando las mayores barbaries y desastres de la humanidad desde el principio de los tiempos. Creo que nohemos tenido ningún momento en el que se haya destruido tanto y tantas vidas como en estos últimos años. Ni las Pestes Negras, los Nazis, El Ébola, los Conquistadores, el Cáncer o los Aztecas ninguno ha sido tan devastador como lo que estamos presenciando. Ni Genghis Khan uno de los asesinos más sangrientos de la historia que masacró a millones desde China a Europa nos supera. Sólo el los últimos 10 años entre guerras y desastres naturales hemos batido todos los récords.

Recuerdo aquellos comentarios de finales de los ochenta: “Tenemos que proteger los árboles, los mares, etc... para que los tataranietos de nuestra generación en el futuro se puedan bañar en aguas limpias, para que sigan admirando el Amazonas, para que respiren aire limpio...”. Nadie pensaba que íbamos a ser nosotros los testigos de la “gran hecatombe”.  

Los expertos de Naciones Unidas son claros y categóricos “Limitar el calentamiento global requiere de cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”. Millones coinciden y los datos son indiscutibles y contundentes. Ninguna mente racional cree que podamos vivir sin el mar o los bosques, inapelablemente estamos condenados a la desaparición. Científicos de todo el mundo y sobre todo quienes viven de y en contacto con la tierra insisten en que el daño que estamos haciendo al planeta es casi irreversible. 

Medidas como el uso de contenedores reciclables, castigar severamente a quienes contaminen deliberadamente o la desaparición de las energías sucias substituyéndolas al 100% por electricidad generada por el viento, agua o el sol son soluciones que ya se están aplicando exitosamente en los países con mejor educación y que están más avanzados tanto cultural como tecnológicamente. Hablo de países como Suecia donde según la Agencia Europea de Medio Ambiente en 2020 un 20% de su energía proviene de energías renovables o de Finlandia donde ya en el 2012 el 34% de su energía era limpia. Son muchos los países inteligentes también destacan los avances de Austria, Dinamarca y Portugal. 

En este atronador concierto de la estupidez humana acumulamos barbaries como la de destinar recursos a buscar vida en otros planetas en lugar de proteger la vida del nuestro. Además “La transición a una vía de crecimiento sostenible y con bajas emisiones de carbono produce beneficios económicos directos de hasta 26 billones de dólares estadounidenses hasta 2030” recuerda la ONU

A estas alturas entre enajenados, cínicos e ignorantes -que venden su alma por dinero insistiendo en negar la evidencia de cómo estamos destruyendo el planeta- considero que la aniquilación total no la frena nada ni nadie. 

Me pregunto ¿Cuántas bofetadas más necesitamos para despertar en masa y cambiar radicalmente nuestros hábitos de destrucción y consumo?  Esta es la única forma de evitar la aniquilación de nuestro hogar. De no ser así somos los últimos humanos en el planeta. La humanidad sucumbe devorada por su propio estiercol. 

 

By Luis Bello