Un error de cálculo puede pasar no se escribió precisamente en los tiempos actuales, sin embargo varias frases, gestos, historias, perspectivas políticas hacen eco en el presente. La obra de Alejandro Robino recorre el derrotero de una familia de barrio, comerciantes ellos, con una vida típica narrada por el protagonista y único presente en la escena (Manuel Vignau). Desde la casa de ropa de trabajo de Don Alberto hasta el parripollo y el maxikiosko, observamos la historia de la clase media argentina desde la dictadura hasta la actualidad. Esa clase media que siempre que renueva candidatos cree no equivocarse nuevamente. Seducida por discursos exitistas que renuevan el mito del progreso indefinido y que bastardean el pasado inmediato. Siempre creyentes de que esta vez han renovado la escena política. Creyentes de estar por fuera de la tablita, por fuera de los ’90, por fuera del 2001, por fuera de la inflación y por fuera de la pandemia. En esta obra con un humor hilarante que apunta constantemente a reflotar el grotesco, más criollo que Discépolo, se cae la máscara de este hombre relativamente joven, de este Isidoro Cañones, qué a pesar de ser partícipe en las urnas se mofa de tener muy claro como todo se desbarranca. Con una escenografía y vestuario que emula la historieta o el cómic en blanco y negro, nuestro antihéroe, repite una y otra vez ese error de cálculo. La obra sin duda deja el título en un sabor amargo y una pregunta que repiquetea interpelándonos si aún ¿puede pasar?
Error de cálculo
Escrito por Jimena Cecilia Trombetta
Publicado en
Teatro / Críticas