Jimena Cecilia Trombetta
Mago barroco
Mirada sobre dos excelentes infantiles.
Las propuestas para las infancias en vacaciones de invierno fueron variadas en el teatro porteño. En este breve comentario acercamos dos de ellas muy disímiles entre sí, pero sin duda excelentes. Por un lado, Barrocas en el teatro Nun y por el otro El mago de Oz en el Teatro Nacional Cervantes. Barrocas, dirigida por Mechi Moreno se trata de una producción que se mantiene en la escala del teatro independiente, pero que es una clase de teatro. Barrocas utiliza sus recursos de manera funcional y los transforma y resignifica acorde al pedido de su dramaturgia. Así la obra combina el teatro de actores con el teatro de títeres, que las tres protagonistas (María Laura Battaglia, Rocío Ortíz Herrera, Carla Elizabeth Rodríguez) sostienen. Sin duda, la música en escena acompaña la comicidad que las tres actrices logran en las escenas que narran la historia de un pueblo que padece la peste. Barrocas interpela desde ese estado apocalíptico a los medios de comunicación, a la cúpula del
poder.
Por su parte, El Mago de Oz, dirigida por Sebastián Irigo es un musical rodeado de una gran producción que hace uso de la mecánica que facilita el Teatro Nacional Cervantes. Desde este punto de vista el género musical suele ser un código teatral difícil de sostener y en varias ocasiones no logra sostener sus convenciones, ni mantener la atención por fuera de lo efectista. No obstante, El mago de Oz logra romper con esas expresiones poco genuinas en las actuaciones o un tanto vetustas. Sin duda la actuación y el canto de Albana Fuentes (Dorothy) es totalmente creíble y sostiene el universo del Mago de Oz, tanto como mantienen la obra con su comicidad Leo Trento (espantapájaros) Emiliano Larea (hombre de lata), Claudio Martínez Bel (león), Vanesa Butera (la bruja del norte y la bruja del oeste) Enrique Luis Longhi (como el mago de Oz). Nada de la fantasía propia de la obra irrumpe como un mundo bizarro (en el mal sentido), por el contrario, la música en escena, el vestuario, las escenas con los personajes de diversos mundos van acorde con el tono y el ritmo interno del musical.
En este sentido ambas propuestas fueron una excelente opción para asistir en vacaciones de invierno. En el segundo caso continúa en cartel hasta el 27 de septiembre.
La Obra
Silencio de hembras
"Silencio de hembra", de Mónica Salvador, con dirección de Herminia Jensezian y la actuación de Belén Santos, es una obra que recobra la esencia intimista del teatro independiente. Se trata de un unipersonal que narra la vida de una joven que creció sin conocer de su padre más que el accidente de tránsito ocurrido cuando ella tenía apenas un año.
En esa ausencia transita su niñez y adolescencia, al cuidado de su madre y de su abuela. A este entorno se suma la figura de su padrastro, Víctor, quien mantiene una relación tensa con la abuela y propaga un ambiente oscuro que invade a la niña. Los recursos escénicos —la luz, la música en vivo interpretada por la propia actriz y la coreografía (Marcelo Savignone) entre su cuerpo y el de Víctor (representado por un sobretodo)— junto con las pequeñas estatuillas que simbolizan a la abuela, la madre y el padre, convierten a esta puesta en un espacio de reflexión sobre temas como la violencia de género y la fragilidad de la maternidad sin una red de contención.
La puesta en escena, en el marco del Teatro Tadrón, permite una disposición de enfrentamiento entre los públicos que hace que podamos observar los gestos y miradas de aquellos que estamos presentes y somos testigos de la lucha interna de la joven que logra finalmente recordar. Sin duda Silencio de hembra invita a dar valor a la palabra de las mujeres, dejando en claro que el sometimiento masculino no tiene nada de natural.
El corazón del mundo
El corazón del mundo de Santiago Loza recorre la historia de vida de un hombre (Guillermo Angheleli), a punto de morir tras recibir un golpe en la nuca por un indigente. Este ser solitario recuerda sus vínculos con su mujer, su amante y sus hijas. Narra diversos espacios-tiempos en los que rememora los tres hombres que fue.
La obra estructura este mundo que varía entre el presente y el pasasado, lo teatral y lo ficcional. Desde la incorporación de los hologramas adquiere ese movimiento. Guillermo Angheleli conforma las escenas mediante este recurso tecnológico de una manera muy precisa y creíble. Con casi nada de objetos en escena se recrea esa multiplicidad de mundos que interpelan al espectador.
Mazel Toc
Nicolás Litman trae a la escena teatral porteña Mazel Toc, un biodrama sobre su vida en el que nos introduce en el universo de quienes transitan el síndrome de Tourette. Mediante la dirección de Fernando Ricco se incentiva el humor que recorre fragmentos de su infancia, adolescencia y madurez. El bullying, la necesidad de pertenecer, el judaísmo, la compañía de sus padres y su abuela, la posibilidad de entablar amistades y la búsqueda de una compañera de vida marcan el drama y la acción de esta obra, que recurre a diversos elementos escenográficos y de vestuario para encarnar a los múltiples personajes que aborda. A través de este unipersonal que se vincula cara a cara con el público, Litman acerca una experiencia de vida que, sin duda, ayuda a comprender realidades que en la sociedad del exito suelen estar vedadas o estigmatizadas.
Paraíso de Dios
Paraíso, de Inmaculada Alvear, trae a escena un unipersonal bajo la dirección de Ignacio Rodriguez de Anca, con la descomunal actuación de Luciano Cáceres. Cabe aclarar que inicia en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro General San Martín, pero a la brevedad pasará al Teatro Regio.
Mediante la incorporación de la clase inmigrante y trabajadora y la interacción del realismo mágico, la obra es capaz de realizar una crítica feroz a la clase empresarial. Juan Valero, un sórdido empresario capaz de presionar a sus clientes y mandar a matar a cualquiera que se oponga en su camino, es operado del corazón. Al obtener un trasplante, sus deseos, sensaciones y forma de vida comienzan a cambiar: el corazón de Jenny, una trabajadora sexual fallecida, se traslada al cuerpo de Juan.
Más allá del desarrollo argumental de la obra, que implica sin duda la amalgama de dos mundos contrapuestos, se avanza hacia la crítica social haciendo interactuar a Valero con el obrero, el ceo, su colega, su mujer, su hija y con el hijo de Jenny, etc. Cabe aclarar que Cáceres encarna todos esos vínculos con un muñeco de práctica de RCP como interlocutor. Además de ser una clase de actuación de fuste, la grandeza de este actor es acompañada por una propuesta multimedial que habilita múltiples espacios-tiempos, reales y oníricos.
La obra de Inmaculada Alvear propone vivir el tránsito de la violencia que vive un cuerpo que se transforma sin perdonar a sus agresores. En estos tiempos, resulta una obra necesaria para repensar los vínculos humanos y la manera de relacionarnos con el Otro.
Incidente en Vichy
Incidente en Vichy de Arthur Miller con la adaptación y dirección de Pablo Gorlero, aborda la causa judía en el marco del holocausto en el comienzo de la segunda guerra mundial. Vichy, ciudad francesa, es tomada por los alemanes. Toda la acción de la obra transcurre en un centro de detención, de la mano de la escenografía de Gabriella Gerdelics.
Dos guardias de seguridad, el comandante a cargo de la reclusión de los judíos, el profesor, son los principales personajes encargados en secuestrar a un grupo de personas que serán juzgadas por su judaísmo. Estos personajes ingresan y salen de escena generando climas de extremo conflicto y tensión en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza donde vimos la función.
Entre sus ingresos se desarrollan escenas que posicionan ideológicamente a cada una de las personas secuestradas. La riqueza y la posibilidad del pensamiento crítico alrededor de la causa judía es lo más interesante de la obra. Un príncipe inglés, un psiquiatra, un maquinista de tren, un artista plástico, un actor, un adolescente, dos camareros y un empresario, son quienes serán interrogados.
Con 15 actores en escena (Mateo Chiarino, Patricio Coutoune, Rubén De la Torre, Mario Petrosini, Junior Pisanu, Rodrigo Raffetto, Pablo Turchi, Santiago Lozano, Enrique Iturralde, Jerónimo Dodds, Marcelo Rodríguez, Julián Mardirosian, Mauricio Méndez, Mariano Sgalilni, Marcelo La Valle, Diego Semino y Gonzalo Álvarez) logra dar cuenta de la historia de Alemania, pero que sin duda podría pensarse en Argentina, por su pasado violento, y por un presente que gestiona el individualismo y el menosprecio a determinados extranjeros. Asimismo, aporta a la reflexión, quizás tomando de referencia algunos pensamientos de Hanna Arendt e incluso de Jean Paul Sartre, donde la banalidad del mal y la complejidad de la frase “tolerar al diferente” habilitan una sociedad distópica. La obra de Miller adaptada por Gorlero da cuenta de esa lucha de aceptación del Otro (se menciona en ella al peruano) e incluso hace mecha de manera indirecta a varios puntos actuales a nivel internacional, se deja en claro que el judío también lucha con un judío (ese otro a “tolerar”). La obra en ese sentido resuelve mediante uno de los personajes la necesidad de comprender la importancia de gestionar el afecto y la amistad como manera de modificar la idea de tolerancia y pasar a vivir en un marco de coexistencia y paridad.
Inspiración Bukowski
Inspiración Bukowski de Sabrina Arias con las actuaciones de Leandro Bassano y Malena Padin se dio en el NUN Teatro. En la obra Arias recorre el mundo y la estética bukowskiana sin abordar propiamente la vida real del poeta, sino trasladando su mundo a la ficción. Sin más la obra trata de un escritor que escribe sobre otro escritor mientras sueña con una mujer. Arias incorpora su propia búsqueda en el marco de la estética bukowskiana en la que prima lo sexual y lo escatológico. En esa línea logra darle espacio al mundo femenino desde el propio deseo, por fuera de la mirada masculina. La actriz transita ese mundo. Ella encarna no solo la sensualidad de este personaje femenino, sino que logra ser el propio escritor en conjunto con su partener. El vestuario en tonos neutros, que por momentos evoca la época del poeta, complementa junto a la escenografía y el sonido ese mundo bukowskiano que Arias evoca desde su propio lenguaje.
La mayor
La mayor (1972-1976) es un relato de Juan José Saer que gira alrededor de un recuerdo al cual no puede capturar. El relato indaga sobre el tiempo y la memoria, sobre estos dos conceptos en el marco del lenguaje, de la narrativa y de la afección de esa narrativa en el pensamiento rumiante que propone. La experiencia escénica que proponen Juan Coulasso y Victoria Roland brinda ese no asir el recuerdo, no solo desde el lenguaje, sino también desde el uso de la luz, el sonido, la música y la propuesta espacial. La voz que suena en un lado proviene de otro. Las palabras se repiten hasta difuminarse. Nos proponen sentarnos en una disposición espacial que pareciera ser un bucle que nos incomoda. En la experiencia escénica, el público vive la acción de recordar como real, vive la música en el momento, el timbre de las voces, todos aquellos estímulos como reales. Sin embargo, siempre se diluye la posibilidad de sujetar el hecho. En este sentido, este cuento de Saer llevado a escena propone observar los límites del lenguaje y se convierte en puro acontecimiento que se corporiza en la propuesta que Coulasso y Roland brindan en el Centro Cultural Borges.
Error de cálculo
Un error de cálculo puede pasar no se escribió precisamente en los tiempos actuales, sin embargo varias frases, gestos, historias, perspectivas políticas hacen eco en el presente. La obra de Alejandro Robino recorre el derrotero de una familia de barrio, comerciantes ellos, con una vida típica narrada por el protagonista y único presente en la escena (Manuel Vignau). Desde la casa de ropa de trabajo de Don Alberto hasta el parripollo y el maxikiosko, observamos la historia de la clase media argentina desde la dictadura hasta la actualidad. Esa clase media que siempre que renueva candidatos cree no equivocarse nuevamente. Seducida por discursos exitistas que renuevan el mito del progreso indefinido y que bastardean el pasado inmediato. Siempre creyentes de que esta vez han renovado la escena política. Creyentes de estar por fuera de la tablita, por fuera de los ’90, por fuera del 2001, por fuera de la inflación y por fuera de la pandemia. En esta obra con un humor hilarante que apunta constantemente a reflotar el grotesco, más criollo que Discépolo, se cae la máscara de este hombre relativamente joven, de este Isidoro Cañones, qué a pesar de ser partícipe en las urnas se mofa de tener muy claro como todo se desbarranca. Con una escenografía y vestuario que emula la historieta o el cómic en blanco y negro, nuestro antihéroe, repite una y otra vez ese error de cálculo. La obra sin duda deja el título en un sabor amargo y una pregunta que repiquetea interpelándonos si aún ¿puede pasar?
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